Minimalismo y la culpa de dejar ir cosas

Minimalismo: La culpa de dejar ir

Tengo un par de semanas desconectada de… todo. Pasé mucho tiempo en mi apartamento (comprado hace un tiempo, pero en remodelación hasta hace poco). Al fin acabaron de re-instalar la conexión eléctrica. Oficialmente es muy poco probable tener un incendio debido a un corto circuito (¡yupi!). Esto implicó limpiar TODO, tras el caos de la reinstalación y empezar a lidiar con las cosas que estaban ahí dentro… y había muchísimas cosas. Artículos de cocina, mesas y sillas, platos, vasos… Por meses, había evitado analizar esas cosas. No sé si me pasa sólo a mí, pero es que a veces siento culpa cuando pienso en dejar ir algo que costó dinero. Hablemos de esa sensación de culpa tan poco minimalista que nos afecta a todas de vez en cuando.

La historia del “tesoro” en mi apartamento

A modo de introducción te voy a contar una historia. Es la historia de cómo compré un apartamento semi-amueblado, pero para nada minimalista.

Hace un año, cuando todavía era inocente en temas de bienes raíces, encontré un apartamento que se veía genial comparado con todos los demás que había visto. Además, no era tan caro y encima venía semi-amueblado. ¿Suena genial? Si te parece que suena genial es porque tú todavía eres inocente en temas de bienes raíces.

Un apartamento barato significa que hay miles de gastos ocultos que todavía no has visto y sobre los que el vendedor no quiere hablar. Pero esa es otra historia. Hablemos de todo lo que estaba dentro del apartamento. Parecía que todas esas cosas que ya estaban ahí era un magnífico regalo del vendedor, pero en realidad era su forma (fácil) de no tener que sacar su basura.

Así es como conseguí un apartamento que venía con:

  • Una mesa y sillas
  • Cortinas
  • Almohadones
  • Un pequeño cubo forrado en cuero (¿para descansar pies? No sé)
  • Platos, vasos, cucharas, tenedores, tasas, platos más pequeños, vasos más grandes, vasos más pequeños, platos hondos y platos de plástico.
  • Sartenes y ollas de aluminio
  • Cuchillos, espátulas, cucharas y una tabla para picar
  • Chucherías varias: abre-latas, pela-papas (no sé si así lo llaman en otros países), cucharones, otra espátula, cucharas de madera, una olla arrocera para microondas, velas, aromatizante, espejitos…

En fin, una enorme cantidad de cosas que parecían un tesoro… hasta que las analicé en detalle.



La culpa de tirar cosas que costaron dinero

Cuando hice mi compra, todas esas cosas me parecieron excelentes. El costo total se diluía porque no estaba comprando sólo un apartamento sino un montón de cosas más… o al menos eso pensé.

Sin embargo, el brillo de esas cosas duró poco. Cuando empecé a verlas de cerca me di cuenta de que muchas no me gustaban o del todo estaban dañadas. Así que hice algo cobarde: ignorar esas cosas por meses. Contraté el cambio de techos y el cambio de la instalación eléctrica. Dejé pasar varios meses entre un arreglo y otro y en esos meses no hice el menor intento de analizar todas las cosas que estaban en el apartamento. La única explicación que puedo dar, es que sentía una terrible culpa. Una culpa grande y gorda, de varias capas:

  1. Para empezar culpa por tener que botar cosas que teóricamente habían costado dinero.
  2. Encima sentía culpa por haber actuado de forma tan inocente, dejándome encantar con cacharros… debí pedirle al vendedor que sacara toda su basura antes de entregarme el apartamento.
  3. Además, culpa con el medio ambiente. Cada una de las cosas que tirara iba a ir a un botadero o a una planta de reciclaje (que por mucho que lo intenten, no pueden dejar de generar sus propios desechos).
  4. Y finalmente, culpa por dejar que esos cacharros se llenaran de polvo en mi apartamento en lugar de lidiar con ellos de una vez por todas… básicamente sentía culpa por no hacer nada al respecto y no hacía nada al respecto debido a la culpa. ¿Se entiende?

Así que ahí estaba yo, sintiendo una tremenda culpa de varias capas, asociada a todos los cacharros que tenía acumulando polvo en mi apartamento.

¿Cómo se enfrenta la culpa?

Enfrentarse a la culpa requiere una acción estratégica en varias etapas. Cada una debe ser precedida de la anterior, el orden en esto es muy importante. Si no tienes funcionando las primeras etapas de la estrategia, difícilmente podrás ejecutar las últimas. Así que léelas con atención y asegúrate de iniciar por la primera.



  1. Acepta que te sientes culpable, pero hazlo fuera de tu cabeza:

En nuestra mente pasan miles de cosas a la vez. Un video que vimos hace poco da vueltas por ahí, una conversación antigua también puede estar girando ahí dentro, una nueva receta, una cita de un libro, una lista de pendientes y la culpa… todo eso da vueltas dentro de nuestra mente a diario.

Los pensamientos surgen y se hunden rápidamente y no siempre logramos apreciarlos en toda su magnitud. Por eso, si quieres aceptar algo o entender algo, debes sacarlo de tu cabeza. Puedes verbalizarlo o escribirlo (yo prefiero escribirlo porque no estoy lista para ser una de esas personas que hablan solas).

Toma una hoja de papel y escribe: Me siento culpable de tirar A, B, C cosas. No tienes que componer un ensayo, sólo tomar una acción física que te permita reforzar la idea de que sientes culpa. Verlo por escrito lo hace más real y genera una cierta urgencia por solucionarlo.

  1. Analiza en detalle qué te evita dar el paso siguiente

Ya sabes que te sientes culpable de tirar ciertas cosas. Eso implica que ya sabes que hay ciertas cosas que debes tirar. Analiza qué te impide pasar del saber al hacer. Vas a darte cuenta de que no te detiene sólo la culpa, posiblemente tengas muy buenas excusas (puedes llamarlas razones, si te hace sentir mejor).

En mi caso, por ejemplo, yo no quería sacar todas esas cosas para sacudirlas o tirarlas, antes de cambiar mi conexión eléctrica porque sabía que, tras el arreglo eléctrico tendría un enorme caos con el cual lidiar. Una parte de mi mente quería lidiar con todo el caos de una vez. Pensar en sacar todas esas cosas y luego tener que sacar todo lo que se acumulara tras el cambio eléctrico me parecía un doble esfuerzo.

  1. Haz un plan inspirador

Este paso es una especie de dos en uno. Primero necesitas inspiración (Pinterest es mi lugar favorito para inspirarme). Yo pasé un buen rato viendo imágenes de apartamentos tan pequeños como el mío, pero perfectamente organizados. Cuando estaba a punto de flotar de pura inspiración, abrí mi computadora, revisé fechas en mi calendario, verifiqué mi presupuesto y puse una fecha para hace el cambio eléctrico de mi apartamento… la inspiración puede enfocarse en casi cualquier tarea.

Mentalmente hice un trato conmigo misma, cuando ese arreglo estuviera listo yo iba a comenzar a trabajar en ordenar de verdad mi apartamento. Como el arreglo eléctrico tenía una fecha de finalización bien definida, yo tenía una fecha de inicio de labores de limpieza y organización también definida. Saqué dos días de vacaciones y me preparé para lo que me esperaba. Compré jabón, esponjas, paños y bolsas de basura. Revisé de nuevo las imágenes de Pinterest que más que gustaron y me comprometí a iniciar el camino que me llevaría hasta esas imágenes.



  1. Ejecuta el plan sin pensarlo

Si completaste el punto anterior, tienes un plan listo para ser ejecutado. Ahora es cuando se ejecuta. No lo pienses demasiado, no negocies contigo misma nada, simplemente ataca esas cosas que tienes que atacar. Es una batalla y los objetos no pueden ganar. Se despiadada.

Lo que debe irse, mételo en una bolsa sin mirar atrás. Si es basura, ni siquiera pierdas tiempo sacudiéndolo. Si los vas a reciclar, sacúdelo en menos de 10 segundos y mételo en una bolsa. Entre más rápido lo embolses mejor, así el objeto desaparece de tu vista y de tu mente. Trata de no perder mucho tiempo considerando si algo debe o no quedarse, porque si lo haces vas a pasar horas haciendo esto y esa no es la idea.

Sólo de la cocina de mi apartamento saqué tres bolsas de basura. Había sartenes y ollas de aluminio y yo odio cocinar en aluminio, así que se fueron directo a una bolsa. Había picheles, uno roto y otro tan angosto que no me permitía meter la mano completa dentro de él ¿cómo se suponía que lo iba a lavar? Se fueron ambos picheles. Había un plato largo y delgado supuestamente para pan y mantequilla… para eso puedo usar cualquier otro plato, así que se fue.

Fui despiadada. Y cada vez que la culpa trataba de pincharme el estómago, la mandaba a callar, recordándole que en mis imágenes de Pinterest no había un juego de sartenes de aluminio a lo que seguramente se les adhería cualquier cosa que tratara de cocinar.



  1. Sácalo de tus espacios

Cuando todo lo que debe irse esté embolsado, no vayas a dejar esas bolsas por ahí. Tienes que llevarlas al basurero o al centro de reciclaje de una vez. ¿Es sábado y el centro de reciclaje abre hasta el lunes? Ponlas en el asiento de pasajero del carro (en la cajuela existe el riesgo de olvidarlas por semanas).

Tienes que sacar lo que embolsaste de una vez. Si esas bolsas quedan por ahí, podrías sentir la tentación de abrirlas de nuevo o alguien más podría hacerlo y todo el esfuerzo podría irse por el caño.

  1. No sientas culpa

Cuando finalmente puse todas mis bolsas en el basurero me sentí liviana, como por tres minutos. Luego una parte de mí pensó en correr a basurero y recuperar todo eso de nuevo mientras una vocecita agitada me gritaba:

¡Algunas de esas cosas podría servir, un día!

Esto es lo que tienes que tener presente: siempre vas a sentir miedo o culpa cuando dejas ir algo que podría servir algún día. Pero las probabilidades de que ese día llegue son bajas, e incluso si llega vas a encontrar la forma de arreglártelas sin esas cosas. Es más valiosa una vida libre de objetos sin uso, que un día en el que tengas al fin uso para algo que estuvo guardado por años.

Así que, si la culpa te quiere atacar, reúsate a aceptarla, para esto debes de repetir mentalmente las buenas razones que tuviste para dejar ir esas cosas: más espacio, más tiempo libre, menos desorden, etc.

Lo bueno de dejar ir

Dejar ir cosas que no necesitas te aligera y abre espacios que puedes llenar con cosas o experiencias que sí necesitas. Dejar ir cosas (y culpas) te hará más feliz.

Además, otras cosas buenas pasan cuando dejas ir. En mi caso, cuando las bolsas estaban afuera de mi apartamento, unas personas las vieron y se llevaron algunas cosas. Me alegra profundamente que alguien más encontrara un uso para lo que yo ya no necesitaba.

Si tú donas las cosas que ya no necesitas o simplemente las reciclas, le das una segunda vida a objetos que ya no tienen valor para ti. Es bueno saber que esas cosas van a serle de provecho a alguien más. Es mucho mejor saber que ya no estarán sin uso en tus cajones. Además, pensar en cómo un objeto puede servirle a alguien más, ayuda a aligerar toda culpa.

 

Espero que te sirva esta publicación para ordenar sin sentirte culpable. La culpa es un sentimiento absurdo cuando se refiere a objetos, pero todas lo hemos sentido alguna vez. Sin embargo, no podemos vivir ancladas por nuestros objetos, porque eso no es libertad.

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2 reflexiones sobre “Minimalismo y la culpa de dejar ir cosas”

  1. Hola Nela!

    Cuanto me alegra que estés de vuelta, nos hiciste mucha falta.
    Felicidades por tu apartamento y por tu valiente limpieza, es digno de imitar. El remordimiento es el peor compañero para cuando de botar cosas se trata, jaja pero debemos ser fuertes y no desistir. Cuando nuestra casa por fin está limpia y ordenada no nos cambiamos por nadie en el mundo, es un sentimiento de plenitud incomparable y por eso vale la pena el dejar ir lo que nos roba la paz.
    Como siempre digo, me encanta leerte, gracias, (aunque por alguna razón no estaba suscrita, pero aquí voy de nuevo)

    Saludos y muchas bendiciones.

    Kennia

    1. ¡Hola, Kennia!

      De verdad que tienes razón, cuando tenemos nuestra casa en orden nos sentimos como si tuviéramos un palacio.
      Me alegra que te suscribieras 🙂

      Un abrazo

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