¿Cuándo decir que sí y cuándo decir que no?

¿Cuándo decir que sí y cuándo decir que no?

Yo fui la clase de persona que decía que sí a cosas que no quería hacer y decía que no a cosas que sí quería hacer. ¿Por qué? Porque he tenido momentos (o largos periodos) de estupidez. Aprender cuándo decir que sí y cuándo decir que no me ha tomado tiempo, pero quiero que sepas que es posible.

Obediencia social

Mientras crecía, recibí muchas veces instrucciones de cómo comportarme para no molestar a otras personas. Por ejemplo, debía negarme a ir a un paseo si me invitaban, porque iba a incomodar a esas personas. Además, si me ofrecían comida era mejor rechazarla para no hacer que otra persona tuviera que pasar por la molestia de ensuciar platos y cubiertos por mi culpa. Y, por supuesto, quedarme en casa de alguien más para dormir implicaba incomodar a los dueños de esa casa, porque iba a necesitar una cama y cobijas y todo lo que eso implique.

Suena como si mi infancia hubiera sido horrible. No lo fue. Fue excelente. Esas instrucciones se me dieron con el fin de hacer de mí, una persona que no ocasionara molestias. Nadie quiere estar cerca de alguien molesto y todos hablan bien de una niña educada que no va por ahí haciendo exigencias o comprometiendo a personas que no se quieren comprometer.

El problema de esta educación, es que me hizo crecer con la idea de que tenía que decir que no a muchas cosas que quería hacer. O al menos, tenía que decir que no a esas cosas, si quería ser una persona correcta.

Del otro lado del espectro, tenía que decir que sí a muchas cosas que no quería hacer. Incluso tenía que ofrecerme como voluntaria para hacer esas cosas, aunque no quisiera. Así que tenía que aceptar hacer visitas que no quería hacer y tenía que invitar a mi cumpleaños a personas que no quería ver y sonreír cuando me hacían bromas que no me parecían graciosas.

Me educaron para que cumplir con un montón de reglas tácitas que la sociedad nos impone, sin ninguna buena razón, excepto talvez, vernos bien frente a otros.

Desobediencia social

Ahora que soy un adulto (o que al menos, debería serlo) me doy cuenta de que la educación que me dieron trajo a mi favor muchos cumplidos, debido a mi maravillosa actitud en público, pero también me hizo una persona enojada.

Hubo una época en la que estaba enojada todo el tiempo, en retrospectiva, creo que logro ver la raíz de ese enojo. Yo no sabía cuándo decir que sí y cuándo decir que no.

Hacer cosas que no queremos hacer sólo porque se supone que tenemos que hacerlas, es agotador. Para hacer cosas que no queremos, necesitamos una buena razón, algo que nos permita sentir que hay luz al final del túnel. Por ejemplo, vamos a trabajar, aunque no siempre queremos hacerlo, porque hay un salario al final de mes, o un proyecto que queremos ver concluido o una experiencia que queremos tener.

Mi enojo tenía como combustible la desazón que sentía al pensar que, por el resto de mi vida, iba a estar haciendo cosas que no quería hacer sólo porque se suponía que las hiciera. No había una buena razón ahí. No había ningún beneficio en el corto, mediano o largo plazo ahí para mí. Sentía que estaba en el fondo de un pozo del que era imposible salir.

Un buen día, decidí usar mi cerebro en lugar de mi hígado y analizar la situación. Me di cuenta de que me importaba más estar en paz conmigo misma que estar en paz con los vecinos. Fue entonces cuando decidí empezar a desobedecer ciertas instrucciones. Dejé de hacer cosas que no quería hacer y empecé a hacer algunas que sí quería. Por supuesto, no es sencillo aprender a decir que no o que sí.



Decir que no

Aprender a decir que no es más fácil que aprender a decir que sí. Así que empezaremos con esto de negarnos.

¿Qué cosas haces, aunque no quieres hacerlas? Tal vez eres parte de alguna asociación o comité en el que preferirías no estar. O podrías ser la que siempre va a babyshowers y despedidas de soltera, aunque sabes que ese tiempo y energía (y dinero) te gustaría gastarlo en otras cosas.

Te tengo buenas y malas noticias. La buena es que hay cosas que no quieres hacer y que puedes dejar de hacerlas (¡yupi!). La mala es que hay cosas que quieres dejar de hacer y que tienes que seguir haciendo (y seguro sabes cuáles son).

Yo eliminé de mi vida los babyshowers, los tés de cocina (recaudaciones de artículos para la casa de una pareja que se va a casar) y las reuniones religiosas.

La forma para dejar de hacer cosas que no quieres hacer, es sencilla. Simplemente, cuando te inviten a alguna de estas actividades di que no desde el principio. Si dices que no desde el principio, los organizadores no van a contar contigo y pueden seguir con su vida.

Decir que no desde el inicio es importante. Si dices que sí y luego dices que no habrías roto un compromiso y esto no es correcto. Decir que lo pensarás tampoco es correcto, porque todos queremos certezas. El organizador del evento merece certeza. Di que no, da las gracias y sigue con tu vida.

Finalmente, no digas mentiras para justificar tu no. Las mentiras siempre salen a la luz. Si sientes que te debes justificar, di que no puedes porque ya tienes otro compromiso (podría ser un compromiso contigo misma), da las gracias y listo.

Decir que sí

Decir que sí a algo que queremos, a veces es más difícil que decir que no a algo que no queremos. Pero puedes aprender a hacerlo. Piensa en las cosas que has querido hacer y no has hecho. ¿Dejaste pasar un paseo al que te hubiera gustado ir? ¿Te ofrecieron una nueva oportunidad de trabajo o estudios que rechazaste, aunque la querías? ¿Dijiste que no a una cita que sí querías tener? Si eres como yo, te dolerán mucho las cosas que querías hacer y no hiciste.

Es hora de empezar a decir que sí. Como dije, esto a veces es más difícil que decir que no. Así que tienes que acumular coraje. Piensa en las cosas que quieres hacer y decide hacerlas cuando la oportunidad se presente.

Yo necesité mucho tiempo para lograr decirle que sí a Casa Cambiante. Aunque sabía que quería escribir y tenía tiempo para hacerlo, no me atrevía. Sentía que no era la clase de persona que puede tener un blog. Resultó que sí podía tener un blog y disfrutarlo, lo único que necesitaba era empezar.

A veces somos nuestros peores enemigos. Hay que mandar a callar las voces que tenemos en nuestra cabeza diciéndonos que no podemos o que no debemos. Tienes derecho a hacer las cosas que quieres hacer. No te pongas obstáculos, si es necesario reclama tú tiempo y date la oportunidad de hacer cosas que siempre has querido hacer. Inspira a tu familia o amigos. Déjalos ver cómo sigues tus sueños.

Puede ser algo pequeño, como un blog, o algo grande como un nuevo trabajo o una nueva relación. No te pongas frenos. Repítelo conmigo, tienes derecho a hacer las cosas que quieres hacer (a menos que sean ilegales, en ese caso no tienes derecho… No las hagas).



La culpa

A veces hacemos cosas que no queremos hacer porque nos sentimos culpables. Otras veces dejamos pasar oportunidades que queríamos aprovechar por la misma razón.

Yo nunca fui a una pijamada a la casa de mis compañeras de la escuela o colegio. Mis papás no creían que esto fuera una buena idea. Pero tampoco tuve nunca una pijamada en mi casa, aunque creo que pude tenerla. Tenía tan bien asimilada la idea de no molestar a otros, que no recuerdo haber pedido jamás permiso para tener una pijamada en mi casa y la razón es que no quería molestar a mis papás. Por mucho tiempo, incomodar o molestar a otros me hacía sentir culpable. Si tan sólo hubiera hecho esto o dejado de hacer esto, no habría causado molestias.

Dejémoslo claro, la culpa es un sentimiento inútil. ¿Te equivocaste? Pide perdón, pero no vivas sintiéndote culpable por querer algo que te haga feliz. Si quieres leer el viernes por la noche, hazlo. Si dejaste de ir a una cena por quedarte en casa leyendo, no te sientas culpable por eso. Tienes derecho a saltarte una cena y leer cada vez que así lo prefieras.

Si quieres usar parte de tu tiempo escribiendo, cantando o pintando, hazlo. Si para lograr ese tiempo, tienes que pedirle a alguien más que cocine, hazlo sin sentirte culpable. Eres la única responsable de tu felicidad. Si sueñas con hacer cosas que no haces y vives haciendo cosas que no te gustan, tienes que analizarte. Es muy posible que la culpa esté jugando un papel muy grande en tus decisiones.

Olvídate de la culpa. La culpa no es combustible en esta vida, es sólo lastre. Nunca nadie ha llegado lejos gracias a toda la culpa que ha sentido.

El balance

Siempre tendrás que hacer cosas que no te gustan. Es parte de la vida. Pero siempre podrás hacer cosas que sí te gustan y es tu responsabilidad meter esas cosas en la masa de la que está hecha tus días. Es como hacer galletas de fibra… y ponerles chispas de chocolate.

Yo tengo que trabajar (de lunes a sábado) y no siempre mi trabajo es la cosa más gratificante de mi vida. Pero empecé un blog, porque escribir me encanta. También tengo que hacer terapia física de vez en cuando y ese nunca va a ser mi pasatiempo favorito, pero en la misma semana puedo ir a caminar o hacer un picnic. Busca un balance que sea tú balance.

Edita tu historia

Empieza por revisar todo lo que hiciste en las semanas anteriores. Haz una lista de todos esos compromisos, actividades y reuniones a las que fuiste. Luego marca los que disfrutaste, podrías ponerle al lado una carita feliz o un corazón.

¿Ya marcaste todo lo que sí te gustó hacer? Muy bien. Veamos ahora lo que quedó sin marcar… son esas cosas que hiciste y que no querías hacer. Algunas serán obligatorias, pero otras las hiciste aunque no era necesario, tal vez para no sentirte culpable o para no incomodar a otros. Estas últimas, eran actividades perfectamente evitables. Tacha todas las actividades evitables de tu lista.

Revisa tu lista de nuevo. Posiblemente se vea mucho mejor ahora. Ahora piensa en esto, cada actividad que tachaste es un periodo de tiempo que liberaste. ¿Qué te gustaría haber hecho en ese tiempo? Tal vez querías dedicar más tiempo a las actividades que sí disfrutaste o incluir actividades nuevas. Escríbelas en tu lista.

Muy bien, este es un ejercicio de visualización. Lo que hiciste, editando tu lista, lo debes hacer con tu vida. Cada vez que una actividad llega hasta tu puerta, analízala. Si puedes ponerle una carita feliz o un corazón a la par, hazla. Pero si puedes tacharla, táchala de inmediato. ¿Qué es tachar una actividad? Es responder a tiempo: No gracias, no puedo.

Piensa en esto como en una edición de tu historia. Eres la editora en jefe de tu vida. Evita que en tu historia haya secciones que no te gustan, tacha esas actividades como tacharías una oración mala en una novela. Y usa el espacio que queda para escribir las aventuras que de verdad quieres tener.



¿Te volverás una mala persona?

Tal vez sientas que estos son consejos excelentes para volverte una mala persona. O tal vez se te han ocurrido palabras como egoísta, antisocial o excluida.

Yo creo que a veces es necesario ser egoístas. A veces tenemos que pensar en nosotras primero. No creo que se deba hacer todo el tiempo, por eso hablé antes del balance que se debe buscar. Es muy importante que sepas que ser egoísta no es malo cuando ese egoísmo se está usando para cuidar de nosotras mismas. La realidad es que, si no te cuidas a ti misma, nadie más tiene por qué hacerlo. Así que sí, sé egoísta de vez en cuando.

En cuanto a ser antisocial o quedarse excluida de algunas actividades… Si digo que no voy a ir a cierta actividad, es porque no quiero ir a esa actividad y espero ser excluida de la misma. Si tus sís, de verdad son y tus nos de verdad son no, no deberías quedarte sin hacer algo que querías hacer.

Siempre que haya una invitación de por medio se abre una puerta, pero tú eres la que decides si cruzas esa puerta o no. Nadie te excluye más que tú misma. Y si no hay una invitación de por medio… esa puerta nunca se abrió para ti, no existe, es pared sólida, así deja de pensar en eso.

En resumen, no te convertirás en una mala persona, ni en una antisocial egoísta. Te convertirás en una persona de palabra, que cuando se compromete a algo lo hace con ganas y cuando no quiere hacer algo no finge que sí lo hará.

Así que has la prueba, deja de hacer cosas que no te gustan y empieza a hacer las que te gustan sin culpas o miedos.

Me encantaría leer en los comentarios lo que opinas de esto. ¿Sientes que sabes cuándo decir que sí y cuándo decir que no? Si te gustó esta publicación, podrían interesarte estas otras publicaciones:

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