Los objetos sentimentales que acumulamos

Los objetos sentimentales y el minimalismo

Aprovechando el fin de año 2017, pasé revisión a mis cosas y deseché unas cuantas. Cuando terminé traté de sentirme orgullosa del resultado y lo logré por un mes, aproximadamente. En enero no pude aguantar más y decidí dejar de engañarme. Otra vez había hecho limpieza y había ignorado una gaveta de mi escritorio… lo que pasa es que esa gaveta contenía todos mis recuerdos del colegio y la universidad… eran mi vergonzosa acumulación de objetos sentimentales.

Llamaremos a esta gaveta, la gaveta sentimental. Estoy segura de que todas tenemos algo así. Tal vez tú tienes una caja de zapatos o un bolso llenos de objetos sentimentales. Tal vez tienes un armario en tu casa o en casa de tus papás o un cajón en algún lugar. Y talvez (como yo en aquel momento) tengas una vocecita en tu cabeza dándote buenas razones para ignorar esos objetos.

Te voy a contar la historia de cómo logré ganarle a mi gaveta sentimental y de paso te voy a contar cómo podrías enfrentarte a esos objetos sentimentales que tienes.

Las vocecitas malvadas

Según mi diario, la primera vez que el minimalismo me emocionó suficiente como para querer escribir sobre eso, fue en agosto de 2016. Desde entonces el camino ha sido largo. Sin embargo, la gaveta sentimental ha existido desde mucho antes de 2016.

Siempre que hacía algún declutter (incluso el reto de declutter 70 cosas en 7 días) abría la gaveta sentimental, daba una mirada y la cerraba de nuevo. Creía que era incapaz de lidiar con todo eso. Puede ser que al inicio realmente fuera incapaz de hacerlo. Los procesos de pensamiento necesarios para eliminar objetos sentimentales, se instalaron en mi mente hasta después de un tiempo.

Sin embargo, últimamente he sido capaz de regalar o botar objetos sentimentales sin problemas. Sé que sacar objetos a veces es difícil, pero también sé cómo hacerlo y entiendo por qué hacerlo. Si quieres saber por qué deshacerte de objetos a veces es difícil podrías leer al respecto aquí.

Entonces, ¿por qué no había tocado la gaveta sentimental hasta ahora? Porque había una vocecita malvada en mi cabeza.

Seguro tú también tienes una vocecita de estas. La vocecita me decía que no estaba lista para enfrentar todos los recuerdos de mi gaveta sentimental. Era la vocecita del miedo, de la pereza y de la culpa.

Yo tenía miedo de no poder ordenar todo aquello, tenía algo de culpa por querer deshacerme de eso y encima tenía una tremenda pereza de tener que desempolvar todas esas cosas y decidir qué dejarme y que dejar ir. Era más sencillo sólo ignorarlo.

A veces nos engañamos así. Diciéndonos que no estamos listas o que no somos capaces de deshacernos de ciertas cosas. Es importante ser honestas con nosotras mismas en estos casos. ¿De verdad no estás listas o sólo no quieres hacerlo?

Yo no quería hacerlo.

La belleza de la certeza

Después de casi un mes fingiendo que había hecho una excelente limpieza de fin de año, no lo pude soportar más. Sabía que tenía que atacar la gaveta sentimental de una vez por todas. ¿Con qué autoridad moral iba a decirle a otras personas que hay que dejar ir ciertas cosas, si yo misma no estaba haciéndolo?

Aquí quiero hacer una aclaración. Yo quería deshacerme de aquellas cosas. Tenía una idea vaga de lo que había en la gaveta sentimental, pero tenía certeza absoluta de que no lo iba a extrañar. La verdad es que yo pasaba por esa gaveta una o dos veces al año cuando mucho. Y en aquellas ocasiones lo hacía sólo para lanzarle una mirada de desaprobación y volver a ignorarla determinadamente.

No la había tocado porque tenía miedo, culpa y pereza, como dije antes. Pero ahora además de eso, tenía certeza de que debía hacerlo. Cuando estamos seguras de algo podemos hacerlo.

Yo estoy segura de que quiero vivir una vida más simple y con más sentido. También estoy segura de que eso implica, entre muchas otras cosas, no estar atada a mis posesiones materiales. Y yo sé que el amor, la amistad, las risas y los buenos recuerdos están mi cabeza y no en mis objetos. Esas son mis certezas.

Si hay partes de tu casa o de tu vida que no has tocado aún, pero estás intentando vivir una vida más simple, revisa de qué estás segura. Encuentra tus certezas, de ahí es de dónde tomarás valor para hacer las cosas que tal vez no quieras hacer.



Vencer la inercia

Saber que hay que hacer algo es una cosa, hacerlo es otra muy diferente. Para mí la parte más difícil de hacer algo, es el aspecto físico. Yo puedo convencerme mentalmente de casi lo que sea. Pero moverme físicamente para hacerlo… eso es lo que más me cuesta.

Lograr que mi cuerpo haga cosas que no quiere hacer es complicado. El día que decidí que debía limpiar mi gaveta sentimental mi cuerpo quería sentarse a leer, en lugar de abrir la gaveta. Mis pies querían ir hacia la cocina en lugar de ir hacia la gaveta. El problema no era mental, yo sabía lo que tenía que hacer. El problema era físico… mi materia no quería colaborar.

Tuve que recurrir a mi mantra del gimnasio: este cuerpo no se manda sólo.

Sólo repitiendo mi mantra mentalmente como disco rayado, logré caminar hasta la gaveta sentimental y abrirla. En movimientos mecánicos lo tiré sobre mi cama todos sus contenidos.

No sé si esto tiene un nombre… ¿automatismo? ¿movimientos no reflexivos? ¿trabajo inconsciente? No sé. Pero recomiendo hacer ciertas cosas como si fueran sentadillas en el gimnasio… solo no las pienses demasiado. Nadie hace 50 sentadillas reflexionando sobre cada una de ellas (al menos nadie que yo conozca). Las sentadillas se hacen sin pensarlo demasiado y con el único fin de terminarlas.

Así fue como yo logré sacar todo lo que estaba en mi gaveta sentimental. Y ya con todo eso sobre mi cama… no tenía más remedio que ponerme a trabajar en ello a menos que planeara dormir en el piso.

Romper la inercia es lo único que hace falta para comenzar una tarea que no se quiere hacer. Y cuando lo que se va a hacer es una limpieza… no lo reflexiones demasiado, sólo empieza de una vez.

El proceso

No me gusta pasar horas ordenado… es una de las razones por las que trato de vivir minimalistamente. Sólo la idea de ordenar algo por horas me hace un nudo en el estómago.

Para acelerar el proceso, decidí no leer tarjetas y cartas si no recordaba de qué eran. Las cosas realmente importantes las recordaría sin necesidad de objetos, ¿cierto? Con esta regla bien clara en mi mente, empecé a revisar aquellos objetos. Avancé muy rápido. Boté casi todas las tarjetas y cartas que encontré porque no sabía de qué eran y tenía mi regla en mente.

También encontré muchas fotografías. Me pareció extraño guardar fotos de personas con las que hace años no hablo. Así que también boté la mayoría. Al final, me deshice de casi todo el contenido de la gaveta sentimental.

Tal vez seas una persona que se apega mucho a sus objetos. Tal vez te parezca que soy una bestia malvada por deshacerme de objetos que guardaba por años. Te voy a explicar cómo lo veo yo.

Esos objetos habían cumplido su propósito cuando me los dieron. En ese momento alguien me había mostrado su cariño. Esos cariños son parte de mí, están gravados en mi pasado y mi historia. Pero los objetos son sólo eso… objetos. No hay razón para guardarlos en la oscuridad, como si fueran trofeos de cariños pasados.

Si tienes objetos sentimentales que sabes (certeza, recuérdalo) que debes dejar ir, hazlo recordando que ya cumplieron su propósito y que los recuerdos están en tu cabeza.

Un último consejo, asegúrate no empezar tus limpiezas por los objetos sentimentales. Se necesita cierta templanza que sólo se logra con la práctica.

Lo que añade valor

Hubo un par de cosas que no deseché. Me dejé algunas fotografías y varias cursilerías que me ha regalo mi novio (la verdad es que me encantan esas cosas… tengo una vena cursi en mi corazón).  Me dejé esto porque son las cosas que de verdad me hacen feliz. Como diría Marie Kondo, estas cosas que conservo, brillan con gozo.

La diferencia entre lo que me he dejado y lo que tiré es simplemente esa. Ojalá pudiera ser más específica. Ojalá pudiera decirte con detalle cómo decidir qué dejarte y qué tirar. Pero no hay una regla mágica.

Es así de simple, conserva las cosas que te hacen feliz, desecha todo lo demás.

Si piensas conservar algo porque te sientes culpable de tirarlo, eso no añade valor a tu vida, sólo añade culpa.

Si te dejas algo porque crees que quien te lo dio se enojaría si lo botas, tampoco añade valor a tu vida. Y en este caso, estarías tomando decisiones sobre tus posesiones con base en lo que otros podrían pensar… no es la mejor forma de tomar decisiones en esta vida. Haz lo que sea mejor para ti, porque eres la única responsable de tu felicidad.

Las dudas del día siguiente

El día que ataqué mi gaveta sentimental, me sentí genial cuando terminé. Saqué una bolsa completa de basura/papel para reciclar. Curiosamente cada vez que saco objetos materiales de mi vida, me siento mentalmente más ligera.

Alguien podría decir que los objetos materiales tienen peso físico y nada más… yo opino que también tienen peso mental. ¿A ti no te ha pasado que después de una buena limpieza te sientes más feliz y más libre? A mí sí. Y así me sentí después de deshacerme de todo ese desorden de objetos sentimentales.

Pero… al día siguiente sentí una punzada de culpa. Mi vocecita interior me gritó:

¿Es que no tienes corazón? ¿Qué clase de sociópata puede botar todos esos recuerdos?

Por suerte el minimalismo no es sólo un proceso de limpieza. También es una forma de comprender lo que le añade valor a nuestras vidas. Por ejemplo, yo valoro la lógica y la racionalidad. Como sé esto de mí misma, cuando la vocecita me atacó, argumenté lógicamente mis razones.

Esos objetos ya habían cumplido su propósito. Guardarlos en la oscuridad por siempre no le aportaba valor a mi vida y en mi corazón yo sé que hice lo correcto.

La vocecita se silenció.

Te cuento esto, no para que me recomiendes un psiquiatra (aunque estoy abierta a sugerencias), sino para que sepas que vas a querer lanzarte de cabeza al basurero a “rescatar” cosas de vez en cuando. Lidiar con esa sensación es parte del aprendizaje.

La ansiedad que se asocia a dejar ir cosas, va a estar presente en mayor o menor medida. Pero la ansiedad que sientas no te define, lo que te define es lo que hagas al respecto.



Más herramientas para “dejar ir”

Ya leíste mi historia. Es hora de que vivas la tuya. Si tienes preguntas o comentarios, déjalos abajo. Me encanta leer lo que tienen que decir y, sobre el tema de objetos sentimentales, estoy segura de que tienes una historia, todas la tenemos.

Podrías necesitar más herramientas para poder dejar ir ciertas cosas. Aquí te dejo algunas sugerencias de publicaciones que te pueden ofrecer información valiosa.

¿Por qué es tan difícil deshacerse de las cosas?

Minimalismo y Beneficios (post para Minimalspot)

El consumismo te consume

2 reflexiones sobre “Los objetos sentimentales que acumulamos”

  1. Siento culpa y melancolía por las veces que necesite lo que ahora vendo o regalo, y no lo podía comprar,y si mañana lo necesito y no tengo dinero para volver a comprar,o si tengo el dinero,pero sería de locos volver a comprar lo que acabo de vender o regalar.🤦‍♀️

    1. Hola Elisabeth.
      Yo te recomendaría que no te deshagas de cosas sin estar segura de querer hacerlo. El minimalismo no se trata de arrancarte el alma en pedacitos. Si no quieres dejar ir algo, no lo dejes ir. El minimalismo no es igual para todos. No trates de vivir en una casa vacía si eso no es lo que te gusta. Por otro lado, hay emociones que debes aprender dejar ir. Una de ellas es la culpa. La culpa no aporta nada, no te sirve de impulso, ni te da ventaja. No te mejora tu autoestima, no te hace mejor persona, no te vuelve más empática… la culpa es un sentimiento que no te ayuda. Es lastre. A veces nos equivocamos y hacemos cosas que quisiéramos no haber hecho, pero de esas situaciones hay que aprender, perdonar y perdonarse. Y seguir, sin culpas. Si mañana te das cuenta de que necesitas algo que regalaste hoy y no puedes reemplazarlo con lo que sí tienes, cómpralo de nuevo y aprende que sí lo necesitas. Y si no tienes el dinero para comprarlo, lo que te falla no es el minimalismo, sino el presupuesto y el ahorro de emergencias. Puedes leer sobre el tema aquí.

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