¿Qué es la fatiga por decisiones?

¿Qué es la fatiga por decisiones y como el minimalismo ayuda a evitarla?

El agotamiento del ego (ego depletion en inglés) se refiere a la idea de que el autocontrol y fuerza de voluntad se agotan porque tenemos una cuota finita de ellos. ¿Suena increíble o incluso absurdo? Hay estudios que parecen probarlo y además estos estudios muestran que la fuerza de voluntad disminuye cuando hemos tenido que tomar muchas decisiones. Esto es lo que se conoce como fatiga por decisiones.

Hace mucho tiempo, posiblemente una década, leí que Steve Jobs usaba siempre el mismo estilo de ropa porque eso le evitaba tener que decidir qué usar cada mañana (no sé si sea cierto o no, pero es lo que recuerdo). Al principio me pareció un despliegue de vagancia por parte de Mr. Jobs, pero con más lectura y el paso del tiempo, entendí que tomar decisiones (por mundanas que parezcan) nos agota. También con el paso del tiempo he ido instalando mecanismos en mi cerebro que me evitan tomar ciertas decisiones, pero hasta hace poco es que comprendí por qué tomar menos decisiones parece ser bueno.

Recientemente me encontré con un artículo de la revista del New York Times que habla sobre este tema. Si bien el artículo es antiguo (es de 2011), las ideas que plantea son muy interesantes. Y parecen justificar cosas como tener un uniforme, desayunar siempre lo mismo o tener rutinas inquebrantables.

Fatiga por decisiones

Dentro de los estudios realizados sobre al agotamiento del ego, me llama la atención uno realizado por Dra. Jean Twenge. Cuando Twenge empezó a trabajar en el laboratorio de Roy F. Baumeister (quien acuñó el término “ego depletion”) acababa de planear su boda y tenía fresco el recuerdo de lo agotada que había estado el día que ella y su novio, confeccionaron su lista de regalos.

Hacer una lista de regalos requiere tomar muchas decisiones. ¿Vajilla blanca o con un patrón? ¿Cuántas toallas? ¿Qué marca de cuchillos? ¿Qué tipo de sábanas? Al terminar la lista, Twenge se sentía como si otro pudiera convencerla de lo que fuera. Simplemente ya no tenía fuerza de voluntad. Así nació el experimento de Twenge y sus colegas, con el fin de asociar la toma de decisiones con el agotamiento del ego.

El experimento

Cerca del laboratorio en el que Twenge trabajaba, una tienda departamental tenía una liquidación. Así que los investigadores compraron un montón de artículos que podrían llamar la atención de los participantes en el experimento. Los participantes, se dividieron en dos grupos. Uno de los grupos era el de decididores y el otro grupo era el de no-decididores (nombres no oficiales que usaré para facilitar la lectura). A ambos grupos se les prometió uno de los artículos comprados por el laboratorio, cuando terminara el experimento.

El grupo de los no-decididores debía ver los artículos y opinar sobre ellos. Además, debían indicar si habían usado un artículo similar en los últimos seis meses. Este grupo sólo opinaba y comentaba.

El grupo de los decididores tenían que tomar decisiones pequeñas. ¿Prefiere un bolígrafo o una vela? ¿Una vela con esencia de vainilla o de almendras? ¿Una vela o una camiseta? ¿Una camiseta roja o una negra?

Ambos grupos realizaron su respectivo ejercicio por periodos de tiempo iguales. Luego se les dio un test clásico de auto control: sostener una mano dentro de agua helada por tanto tiempo como fuera posible.

Los decididores aguantaron en promedio 28 segundos. Los no-decididores aguantaron en promedio 67 segundos. Al parecer tomar todas esas pequeñas decisiones había minado la fuerza de voluntad del grupo de decididores. Esto es a lo que los investigadores llamaron fatiga por decisiones.

Este experimento se corroboró luego con otros, por ejemplo, estudiantes escogiendo cursos de un catálogo universitario. También se probó fuera del laboratorio, entrevistando compradores en un centro comercial, que tras sus compras debían resolver problemas matemáticos. Los resultados coincidían. Las personas que habían tenido que tomar más decisiones se rendían antes en las pruebas siguientes.

En resumen, tomar decisiones te deja sin fuerza de voluntad. Después de tomar muchas decisiones estás predispuesta a rendirte de primera en una competencia, a abandonar un problema antes de resolverlo, a romper tu dieta, a comprar algo que dijiste que no comprarías, a no esforzarte por entender el punto de vista de alguien más, etc. Tu fuerza de voluntad está falseada.

Costo de oportunidad

¿Les ha pasado que eligen algo bueno, pero no pueden dejar de pensar en algo mejor? Por ejemplo, imagina que eliges entre dos blusas. Compras una de ellas y te la llevas a casa, pero no puedes dejar de pensar en que tal vez la otra blusa era mejor. Y de pronto, te imaginas todas las razones por las que una blusa diferente sería mejor que la blusa que compraste. En economía, eso se llama costo de oportunidad. Son las cosas que “pierdes” a cambio de ganar otras.

Cuando tomas un montón de decisiones es posible que no te sientas 100% satisfecho con todas ellas. Y peor aún, es muy posible que empieces a imaginar mejores alternativas. La famosa pregunta “¿Qué habría pasado si…?” te da vueltas y vueltas en la cabeza. Antes de darte cuenta te estás arrepintiendo de la decisión tomada (incluso si era una buena decisión), sólo porque imaginas que pudo existir una decisión mejor.

La capacidad humana para imaginar es maravillosa y a la vez desastrosa. Cada decisión importante que tomes puede venir acompañada de la imagen mental de lo que habría pasado si tomabas otra decisión y analizar todos esos escenarios imaginarios te quita tiempo y energía.

Minimalismo y decisiones

Como sabes, para mí el minimalismo se trata de un proceso mental que me ayuda a tomar decisiones. Si quieres mi versión completa sobre este asunto, puedes ver la colaboración que hice para el blog de Kevin Trujillo, minimalspot y de paso revisa el blog de Kevin, tiene contenido interesante.

Creo que el minimalismo es un buen proceso de toma de decisiones, porque ayuda a que la fatiga por decisiones sea menor. ¿A qué me refiero?

Si entro en una tienda y veo una blusa mi proceso de pensamiento minimalista entra en acción: ¿La necesito? ¿No? Listo, no la compro.

Si una persona trata de contarme chismes, el mismo proceso entra en acción: ¿Necesito oír chismes? ¿No? Listo, me disculpo amablemente y me voy a otro sitio.

El minimalismo, implica (para mí) saber qué necesito, ya sea en mi armario o en mi cabeza. También significa diferenciar lo que necesito de lo que puedo tener. Si no necesito una blusa nueva no la compro y no tengo que pensar mucho al respecto.

Tomar la decisión de no comprar la blusa porque no la necesito fue rápido e indoloro. Y con el tiempo deja de ser una decisión, simplemente porque no hay alternativas. La blusa que está en la tienda no es para mí. Como no es para mí, no voy a mirar el precio, no voy a probármela para saber si me queda y no voy a considerar ofertas o rebajas al respecto. Una larga cadena de decisiones fue cortada antes de siquiera nacer, todo porque sé que no necesito la blusa. La certeza de que no la necesito implica que no hay decisión que tomar.

No creo que sea necesario explicar todas las decisiones que me ahorro porque sé que no necesito escuchar chismes.

Minimalismo y costo de oportunidad

Esto es muy importante, el minimalismo como proceso de toma de decisiones me ayuda a no sentir que perdí algo con cada decisión. ¿Recuerdan el costo de oportunidad? Era la idea de que, por elegir la opción A perdimos la opción B. El minimalismo mitiga esto en muchos casos.

Esto es difícil de explicar. La única palabra que se me viene a la mente es “certeza”. Tengo certeza de que, en una encrucijada, la opción superior es la que me mantenga cerca de mis valores minimalistas. Y creo que los beneficios que obtengo con esa elección son superiores a los que obtendría con cualquier otra.

¡Bum! El costo de oportunidad deja de ser parte de la ecuación. Mi elección fue la mejor posible y tengo certeza de eso. Cualquier escenario que perdí debido a mi elección no era tan bueno como el que gané. Esto es algo así como fe, aunque el minimalismo no es una religión y jamás lo compararía con una. Lo que estoy tratando de ilustrar es la certeza que viene asociada a ciertas decisiones, cuando esas decisiones se apoyan en nuestros valores.

Los beneficios que he visto en mi vida gracias al minimalismo son tantos y tan variados, que no puedo imaginar una oferta capaz de mejorar lo que el minimalismo me ofrece. ¡Sería muy emocionante encontrar esa oferta! Pero como dudo encontrarla, para mí es muy sencillo tomar decisiones y vivir con ellas, sin el constante martilleo mental del “qué habría pasado si hubiera elegido diferente”.

Eliminar decisiones

Creo que siempre he tenido la sensación de que tomar decisiones es cansado. Posiblemente tú también lo has sentido. No necesito un estudio para saber que las decisiones causan fatiga. Sin embargo saber que existe la fatiga por decisiones me permite buscar formas para convatirla.

Cuando leí el artículo sobre el uniforme de Steve Jobs, sé que una parte de mí creyó en él; creyó que eliminar decisiones de verdad mejora algunos aspectos en la vida. Desde entonces he tratado de estandarizar algunas de mis decisiones… posiblemente la culpa de esto sea mi formación ingenieril. Esto lo empecé a hacer antes de conocer el minimalismo. Supongo que, intuitivamente, me di cuenta de que eliminar algunas decisiones me traía beneficios.

Ahora sé que actué bien al eliminar algunas decisiones, porque como ya leíste, hay estudios que prueban que la fatiga por decisiones afecta nuestra fuerza de voluntad.

Voy a explicarte cuáles fueron las decisiones que estandaricé o eliminé. Ponlas a prueba, verás que se te libera tiempo y energía.

  • Usar un uniforme

Usar siempre ropa similar es una rutina que se pueden establecer. Si Steve Jobs lo hacía al propio o no, no lo sé. Pero definitivamente él es un ejemplo de lo que es tener un uniforme. Si el uniforme de él no te gusta, tal vez puedas inspirarte en el de Carolina Herrera. Uniformes hay para todos los gustos. Pueden leer sobre armario minimalistas y uniformes en esta publicación que encontré mientras investigaba: Uniforme o guardarropas minimalista.

Yo trato de tener ciertas prendas “básicas” sobre las que construyo mi look cada día. En esto del uniforme soy nueva y como sólo llevo un poco más de un año en el minimalismo tengo un armario más bien variado. Poco a poco y conforme vaya reemplazando piezas de ropa, espero migrar a uno o dos uniformes, así eliminaría la mayoría de las decisiones asociadas al guardarropa.

  • Alimentación rutinaria

Te lo explico con un ejemplo. Yo siempre desayuno un licuado de frutas. Las frutas que licuo no me importan mucho, uso las que tenga a mano. Lo que me importa es que siempre tomo un licuado en la mañana.

No me levanto preguntándome qué desayunaré, eso ya está definido. Esto me ahorra tiempo y decisiones. Además, los licuados de frutas son deliciosos y nutritivos. Y en las frutas de temporada hay suficiente variedad para no tomar a diario exactamente lo mismo, aunque siempre sea un licuado.

Antes del licuado de frutas, yo siempre desayunaba cereal de fibra con leche, pero estoy tratando de recordar mis lácteos. Tú puedes elegir el desayuno, almuerzo o merienda que quieras.

Estandarizar al menos una comida al día te ahorra un montón de decisiones. No te tienes que romper la cabeza decidiendo que cocinar o preguntándote cuánto te tomará prepararlo. Tampoco tienes que perder tiempo en el supermercado, decidiendo qué llevar para el desayuno de la semana siguiente. La cadena de decisiones que muere con tan sólo estandarizar una comida es impresionante.

  • Predefinir “no”s es otra forma de ahorrar decisiones.

Hay cosas que yo no hago. Punto. No necesito considerarlas cuando aparecen, yo sé que no las voy a hacer porque la decisión la tomé hace tiempo. Decir que no a estas cosas dejó de ser una decisión, es un reflejo. Por ejemplo, yo nunca he probado un cigarrillo y nunca lo voy a probar. El tabaco es un rotundo no para mí.

Yo no voy a babyshowers o actividades similares de personas que no amo (si quieres más información sobre cómo evitar este tipo de eventos sin ser mala persona, revisa esta publicación).

Haber definido que hay cosas que no voy a hacer me libera “espacio mental” en el día a día. Y cuando estas situaciones aparecen y yo digo que no, no siento que esté perdiendo algo. Estos y otros “no” ya los decidí, ya me tomé el tiempo y la energía para analizarlos. No tengo que repetir ese proceso a diario, lo hice una vez y con eso es suficiente.

Alguien podría predefinir “sí”s. Sin embargo, yo prefiero revisar en detalle las cosas que hago, más que las que dejo de hacer. Pero eso es mi preferencia personal.

  • Decisiones predefinidas

Esto es similar a predefinir “no”s. Se trata de saber, dadas ciertas alternativas, cuál es la que voy a elegir. Por ejemplo, siempre que deba elegir entre una actividad social en el día y una en la noche, lo prefiero la del día. Yo sé que en la mañana es cuando tengo más energía y cuando puedo involucrarme más con otros.

Otras elecciones predefinidas parecen menos importantes, por ejemplo, siempre elijo un refresco natural sobre uno gaseoso. Esta decisión no parece la gran cosa, ¿para qué predefinirla? No olvides que la fatiga por decisiones no se debe sólo a las decisiones trascendentales. También las decisiones pequeñas, como ¿prefieres una vela o una camiseta?, afectan tu fuerza de voluntad. Así que ¿por qué no programar todas esas pequeñas decisiones tontas para evitarlas?

Reflexiones finales

¿Soy una persona aburrida y tremendamente predecible? En algunos aspectos puede ser que sí. Pero, ¡hey!, también soy una persona con menos fatiga por decisiones, lo que implica que tengo más fuerza de voluntad. Al menos esa es mi conclusión.

La teoría del agotamiento del ego y la fatiga por decisiones es muy interesante y los estudios que parecen demostrarla también lo son. Sin embargo, a la velocidad a la que cambia el conocimiento, nada parece estar escrito en piedra. Sea como sea, creo que todas hemos experimentado alguna vez esa sensación de agotamiento mental. Tras un día lleno de decisiones importantes lo único que queremos hacer es enterrarnos en un libro (o en una película) y dejar que los personajes hagan cosas intrépidas mientras nosotras no tenemos voluntad ni para comer una cena decente.

No hay una cura para la fatiga por decisiones. Tampoco hay una cura para el agotamiento del ego. Hay estudios que muestran que puedes cargar las baterías de tu fuerza de voluntad si cargas las baterías de tu cuerpo, es decir si comes. Tal vez esta sea la razón por la que no es recomendable tomar decisiones con el estómago vacío. También es sabido que entre más ejercitas tu fuerza de voluntad, más disciplina creas, es decir que tu fuerza de voluntad es más fuerte.

Evitar tomar decisiones es imposible. Además, hay decisiones importantes que debes tomar. Las decisiones que tomas moldean tu vida. Lo importante aquí es no gastar tu energía en las decisiones sin importancia. ¿Realmente hará una diferencia el aderezo de ensalada que elijas? ¿De verdad es vital escoger el color correcto de lápiz de labios? ¿Estás segura de que quieres perder 10 minutos cada mañana decidiendo qué zapatos usar?

Entender que la fatiga por decisiones afecta nuestra capacidad para resistir tentaciones o mostrar resiliencia pone en perspectiva todas esas pequeñas decisiones que sobrevaloramos. Ahora que lo sabes, qué opinas al respecto. Me encantaría leer tus comentarios abajo. También me gustaría saber si conoces más información sobre este tema, porque para mí es muy interesante. Y si tienes técnicas para evitar la fatiga por decisiones o el agotamiento del ego, compártelas para que todas podamos aprender.

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