¿Qué son las compras por impulso y por qué no son sanas?

En época de Navidad todos quieren gastar dinero. ¿Pero, saben hacer sus compras navideñas correctamenta? Las copras por impulso son malas. Aprende a evitarlas.

¿Les ha pasado alguna vez que compran algo porque en el momento de la compra les pareció maravilloso, pero después de unos días no están tan seguros? Si les ha pasado, posiblemente es porque hacen compras por impulso. Esta forma de comprar hace que gastemos dinero innecesariamente y que llenemos nuestra vida de chunches (costarriqueñismo para designar objetos cuyo nombre no se recuerda o no interese mencionarse). Comprar por impulso no es compatible con una vida minimalista. De hecho, comprar por impulso, es el enemigo número uno del minimalismo. La forma en la que se debe comprar para mantener nuestros espacios ordenados es comprar por necesidad. Comprar por necesidad también es una excelente forma de ser amigables con nuestras billeteras y de ahorrar moneditas.

¿Qué son las comprar por impulso?

Las compras por impulso son esas compras que hacemos cuando vemos algo que nos parece lindo, interesante o útil y nos lanzamos a comprarlo sin reflexionar antes. Son compras que hacemos en piloto automático, sin tomarnos el tiempo de pensar si de verdad eso que compramos es algo que va a tener una utilidad en nuestras vidas.

Para mí, mi mayor tentación es la comida. Incluso ahora, que me aseguro de hacer una buena lista antes de ir de compras, me siento tentada a comprar galletas, cupcakes y papitas tostadas que sé que no necesito. Por suerte la fuerza de voluntad es un músculo que se fortalece con el ejercicio. Así que entre más evito estas compras, más sencillo se me hace evitarlas.

Hay personas que hacen compras por impulso en otros departamentos. Mi mamá compra ropa por impulso. Y no sólo para ella, sino también para mi hermana y para mí. Aún hoy, teniendo yo 30 años, mi mamá insiste en regalarme de vez en cuando pijamas, blusas, etc. Es complicado manejar los regalos cuando uno está tratando de vivir con menos, pero ese es un tema aparte sobre el que prometo que escribiré más adelante. El punto es que la compras por impulso se dan en todos los departamentos posibles: comestibles, ropa, accesorios, muebles, implementos de cocina, papelería, etc.

Cualquier compra que se hizo antes de detenerse a pensar si era necesaria o no, es una compra por impulso.

¿Qué tienen de malo las compras por impulso?
  1. Son malas para la billetera

Para empezar, las compras por impulso son enemigas del bolsillo. Si vamos por la vida tirando nuestro dinero en cosas que realmente no necesitamos es posible que, cuando de verdad necesitemos algo, no tengamos dinero. Nuestro dinero debería ayudarnos a construir nuestro futuro y a generar riquezas. Pero muchas personas lo que generan son deudas con su dinero, porque lo desperdician en cosas innecesarias. Luego, al no tener dinero para lo necesario les toca pedir prestado o usar la temida tarjeta de crédito. Se endeudan cuando de verdad necesitan algo porque el dinero se fue en lo que no necesitaban. Y este es el caso optimista… hay personas que se endeudan para comprar cosas que no necesitan. Creo que queda claro el problema económico que puede venir asociado a un mal manejo de impulsos de compra.

  1. Son malas para la conciencia

¿Les ha pasado que se arrepienten de comprar algo? Tal vez tienen una máquina para hacer ejercicio que nunca usan y desearían no haber gastado dinero comprándola. O puede ser que compraron una maravillosa blusa de flores amarillas, pero en el día a día resulta que no combina con nada. Si tan sólo hubieran comprado la blusa blanca fácil de combinar…

Comprar por impulso nos hace sentir bien un instante (cuando hacemos la compra) pero nos hace sentir mal cuando nuestro cerebro se da cuenta de que hicimos una tontería. Entregamos dinero a cambio de algo que en realidad no era valioso para nosotros. Comprar por impulso es robarnos a nosotros mismos. Y nuestro cerebro se da cuenta de eso y nos lo reprocha.

  1. Son pésimas para vivir una vida minimalista

La idea detrás del minimalismo es tener lo que necesitamos para ser felices. Y resulta que para ser feliz se requieren pocas cosas. Es imposible ser minimalista si a diario metemos objetos que no necesitamos en nuestras vidas, porque posiblemente sean objetos que no se asocian con nuestra felicidad.

Sin embargo, las compras por impulso existen. ¿Por qué compramos cosas que no nos hacen felices? Mi teoría es que las compras por impulso son un comportamiento aprendido. No necesariamente lo aprendemos de nuestros padres, tenemos miles de influencias más en nuestras vidas: otros familiares, amigos, profesores, jefes, compañeros de trabajo, clientes, celebridades, personajes de ficción y, por supuesto, la publicidad.

Como cualquier comportamiento, las compras por impulso también se pueden modificar. Para lograrlo hay que entender que este comportamiento no es el único posible. Cuando nos damos cuenta de que hay mejores formas de vivir, entonces podemos justificarnos a nosotros mismos nuestros cambios. Por ejemplo, para mí, aprender que el minimalismo es alcanzable, me ayudó mucho a dejar de comprar por impulso. Y dejar de comprar por impulso me ayuda mucho a mantenerme minimalista. Es un ciclo positivo.

  1. Se convierten en un patrón de comportamiento que justificamos

Las compras por impulso, si se hacen seguido, se convierten en un patrón de comportamiento recurrente. Esto significa que es algo que hacemos sin cuestionarlo, simplemente porque siempre lo hemos hecho. Y con el tiempo incluso encontramos justificaciones para hacerlo.

Si él/ella lo tiene, yo también me lo merezco.”

“Puedo comprármelo ¿por qué no lo voy a hacer?”

“Si no me sirve, se lo regalo a….”

¿Les suena familiar? Son excusas para justificar compras que en realidad no deberíamos hacer. Cuando vivimos con estos pensamientos (ya sea consciente o inconscientemente) es muy fácil que caigamos en hacer compras por impulso y que repitamos ese patrón de compra una y otra vez.

  1. Confunden felicidad con posesiones (y esto es grave)

Es fácil glamurizar las posesiones. Las películas lo hacen cuando nos muestran personajes que tienen cientos de objetos tecnológicos, adornos, autos caros y ropa de marcas conocidas. Pero también lo hacemos nosotros, cuando compramos un bolso y no podemos esperar para enseñárselo a fulanita y escuchar cuánto le gusta. O cuando felicitamos a alguien con frases como: “Qué bien te ves, ¿esa camisa es nueva?”. En esos casos mandamos o recibimos señales que nos dicen: los objetos son geniales, tener ropa nueva me hace sentir apreciado, tener un bolso nuevo me hace la novedad del día.

Vivimos en una sociedad que nos baña con luces de neón y estrellitas cuando compramos algo y nos promete ser apreciados a raíz de esa compra. Sentirnos apreciados es una necesidad básica, de hecho, Maslow  la llama necesidad de reconocimiento. Necesitamos sentir que se nos respeta y que tenemos éxito. Si no cubrimos nuestras necesidades posiblemente no seamos felices. Pero hay una diferencia entre ser respetados o apreciados por lo que somos y serlo por lo que tenemos.

Comprar por impulso nos llena de objetos y es posible que esos objetos nos permitan ser la novedad un día o dos. Pero, en lugar de lograr el aprecio de otros gracias a lo que compramos ¿no sería mejor obtener esas reacciones hacia nuestra personalidad, nuestros valores o nuestras actitudes?

¿Cómo evitar las compras por impulso?

Ok, Nela. Ya te creí que comprar por impulso no es sano… pero ¿cómo cambio ese patrón?

Se debe obligar a nuestra mente consciente a estar presente cuando compramos. En otras palabras, hay que pensar antes de comprar. Y hay que comprar sólo las cosas que contribuyan a nuestra felicidad.

Para saber si una compra nos hace felices o no, es necesario analizarnos. Repito, hay que pensar antes de comprar. Pensar en lo que queremos para nuestras vidas, en lo que nos es útil, en lo que nos servirá para llevar una vida más plena y pensar sobre todo en lo que de verdad necesitamos. Si nunca nos hemos detenido a analizar lo que necesitamos para ser felices, podríamos creer que necesitamos lo que otros nos dicen que necesitamos… esta oración quedó medio filosófica o tal vez sólo medio confusa, pero es completamente verdadera.

Pongo un ejemplo sencillo. Para ser feliz, yo necesito ir al gimnasio. Si no voy al gimnasio me pongo de mal humor, duermo mal y mis patrones de comidas se desordenan. Para mí la membresía del gimnasio es una compra por necesidad. Yo tengo muy claro en qué momento del día voy al gimnasio y es parte de mi rutina, porque me hace feliz. Habrá personas que se anotan para ir al gimnasio y nunca van. La razón, es que compraron la membresía al gimnasio por impulso, pero en realidad no la necesitaban. Ir al gimnasio no forma parte de sus vidas, no es algo que requieran para ser felices. Para ellos, esa compra fue un desperdicio de dinero.

Listas para evitar comprar por impulso

Pensar antes de comprar es la única forma en la que se evitan las compras por impulso. Una forma fácil de acostumbrarnos a hacer este análisis es haciendo listas. Yo apunto cada cosa que quiero comprar, pero no corro a comprarla de una vez. Guardo mi lista uno o dos días antes de ir de compras. Así puedo revisar la lista con tiempo y determinar si de verdad estoy anotando cosas que necesito o no. El tiempo es nuestro mejor aliado cuando de reflexionar se trata. Nunca es prudente ir corriendo a hacer las compras, terminamos con cientos de cosas que no necesitamos. También es útil tratar de mantenernos minimalistas para evitar estas compras.

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¿Han comprado cosas que luego desearían no tener? ¿Tienen consejos para evitar las compras por impulso? Dejen sus comentarios abajo, me interesan mucho sus opiniones y experiencias.

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