Minimalismo… una interpretación personal

Yo no boté toda mi ropa, ni digitalicé todas mis facturas. Pero, aun así, creo que he mejorado gracias al minimalismo.

El minimalismo tiene muchas expresiones, esta es la más práctica de todas.

Hace un tiempo me perdí en uno de esos bucles en Pinterest. ¿Saben de cuáles hablo? Esos en los que uno inicia viendo un post de comida, se desvía a uno de arquitectura y de pronto está aprendiendo cómo combinar pantalones amarillos. Normalmente en este punto yo decido apagar mi teléfono y hacer algo diferente. Pero a veces la vida nos sonríe y nos manda una idea maravillosa a través de Internet. Así fue cómo descubrí el minimalismo y esta es mi interpretación personal.

No logro recordar de quién era el post, pero recuerdo que lo leí de inicio a fin sin detenerme un momento. Era un post sobre las bondades del método KonMari. Estoy segura de que todos ustedes han escuchado algo sobre Marie Kondo, la creadora de un método de organización revolucionario que vino para quedarse. Pero cuando yo lo encontré por primera vez, era algo nuevo para mí. No me cabía en la cabeza la idea de poseer sólo aquellas cosas que me hicieran feliz.

Hice una búsqueda extensiva sobre el método KonMari y vi que siempre que lo definían haciendo referencias al minimalismo. Como no estaba segura de lo que eso significaba y no me gusta especular, fui a donde todo millennial debería ir cuando tienen dudas… el diccionario. (Para los que no lo saben, soy un muy mal millennial).

Estas son las dos definiciones que me dio el diccionario de la RAE para la palabra minimalismo:

  1. Corriente artística contemporánea que juega con elementos limitados.
  2. Tendencia estética e intelectual que busca la expresión de lo esencial eliminando lo superfluo.

Se imaginarán que estas dos definiciones me encantaron. Mi vida entera parece basarse en elementos limitados (específicamente en recursos limitados). Además, la idea de expresar lo esencial, eliminando lo superfluo, me pareció maravillosa. El minimalismo, por definición, sonaba como la clase de vida que yo quería.

Pero a partir de aquí todo se volvió confuso. La simplicidad de la definición de la RAE no coincidía con el caos que Google mostraba cuando traté de ampliar mi búsqueda.

En línea, el minimalismo a veces era un superhéroe que se peleaba con el capitalismo. Otras veces era un closet con prendar de ropa en varias tonalidades de gris y otras veces era enormes salas ocupadas por un solitario sillón blanco de aspecto bastante incómodo.

Pero como ya se imaginarán no me di por vencida aquí. Navegué entre toda esa información, buscando un punto de partida, pero eventualmente me di cuenta de que no hay un único punto de partida porque no hay un único tipo de minimalismo. Esto me tranquilizó un poco, significaba que yo podía empezar por dónde yo quisiera.



Mi camino torcido hacia el minimalismo

¿Han escuchado esa expresión que dice “todos los caminos llegan a Roma”? Cada vez que la escucho lo que yo pienso es: tal vez todos lleguen a Roma, pero seguro unos están más torcidos que otros.

Yo tiendo a tomar los caminos torcidos a todas partes. Posiblemente tarde más en llegar a mi destino, pero es porque voy haciendo la ruta panorámica. Al menos así me ha pasado con el minimalismo.

Después de que devoré todo lo que encontré sobre el método Konmari, puse en práctica (una tercera parte de) lo leído. El método Konmarie aconseja hacer una pila con todas las cosas de una categoría (ropa, papelería, libros, etc).

Yo lo hice con mi ropa, desde calzones hasta zapatos. Saqué todo lo que tenía en el closet, y lo apilé sobre mi cama. La montaña de ropa que de pronto apareció, me impacto. Supongo que ese era el fin de Marie Kondo, cuando hizo esta sugerencia. Ella le estaba apostando al efecto de shock.

La pila de ropa que tenía frente a mí era suficientemente grande como para aplastarme o sofocarme o quitarme varios días antes de poder devolverla a su lugar. Supongo que esto también lo tenía muy bien planeado Marie Kondo. Una vez que yo había apilado toda mi ropa, estaba muy dispuesta a a deshacerse de la mitad con tal de no tener que doblarla toda.

Lo siguiente que Marie K. aconseja es tomar cada prenda u objeto y decidir si “irradia gozo”. Debo decir que estaba muy escéptica sobre este paso. ¿Cómo iba yo a saber si un par de medias irradiaban gozo o no?

De nuevo Mrs. K. había planeado esto muy bien. Instintivamente supe cuáles prendas irradiaban gozo para mí. Por ejemplo, mis pijamas de Gryffindor fueron 100% amor al instante de verlas. Pero ese brasier con varillas… fue casi repulsión.

Rápidamente hice tres pilas de ropa.

La primera pila era puro gozo y amor y flores y pajaritos cantando.

La segunda pila era la que, con sólo verla, me daba ganas de encender una hoguera y mandar todas esas prendas al infierno de donde seguro se habían escapado.

La tercera pila… ni fu, ni fa. Era ropa que a veces me ponía y me hacían sentir… vestida. Ni la persona más guapa del mundo, ni la más miserable.

Lo que sigue ya no es parte del método KonMarie, aquí es dónde yo me desvié y me inventé otra ruta.



Con mi ojo más analítico y apagando todos mis sentimentalismos, analicé cada pila de ropa.

La primera pila de ropa tenía prendas que me encantaban: pijamas, chanclas, sweaters calientitos, medias de colores, licras para ir al gim, mi blusa de batman… ¿Notan el problema? Uno no puede ir a la oficina en licra, con un sweater algo (muy) estirado y chanclas.

El ideal, según varios gurús de minimalismo es tener un closet lleno de prendas de excelente calidad, que uno ame, que combinen bien entre ellas y que nos duren varios años.

Mi realidad es que no iba a gastar una monedita comprando ropa nueva para actualizar mi pila de “ropa de gozo”. No iba a negociar en este punto.

Así que pasé a mi segunda pila de ropa, la que inicialmente me pareció odiar. Analizándola con cuidado me di cuenta de que… la odiaba. Nada de lo que estaba ahí iba a volver a mi closet. Eran camisas de fuerza y varillas y zapatos incómodos. Había que dejarlos morir (o matarlos si trataban de luchar).

Entonces pasé a mi tercera pila de ropa, la que estaba formada por ropa que no amaba ni odiaba. La subdividí en dos pilas más:

  1. Ropa adecuada para la oficina.
  2. Todo lo demás.

Añadí a mi “ropa del gozo” varias prendas adecuadas para la oficina, traté de elegir las que me parecían más cómodas o versátiles. Y esta pila de ropa que amaba y ropa que necesitaba, regresó a mi closet. Todo lo demás lo regalé. (Muchos blogs sugieren vender en línea la ropa que ya no se usa, para ganarse un dinero extra. Pero en Costa Rica la práctica de comprar y vender ropa usada en línea no está muy extendida).

La verdad es que me deshice de una enorme cantidad de ropa. Mi closet se ve mucho más vacío, pero esto me encanta. Es fácil encontrar justo lo que busco, no pierdo horas tratando de encontrar un pantalón específico.

Además, la mayoría de prendas en mi closet son cosas que amo y que me hacen sentir muy feliz cuando las uso. Esto, posiblemente es a donde Marie Kondo trata de llevarnos. Un espacio de felicidad, en donde todo lo que poseemos nos hace sonreír.

Otras pilas de cosas

Luego de reducir mi closet, pasé a otras categorías de objetos.

Ordené mis libros, dejándome todos los que amaba y esperaba releer. Regalé o doné los que no me apasionaron o los que sé que no releería… merecían alguien que los apreciara más.

Me deshice de un montón de CDs. ¿Pueden creer que tenía CDs en pleno 2017… y peor aún que todavía me dejé unos cuantos?

Ordené mis papeles. Tenía libros de la universidad que son valiosos… también tenía hojas de papeles arrugadas e ilegibles.

Ordené la alacena, sacando todo lo que estaba vencido (horror… yo sé) y asegurándome de dejar al frente lo que estaba próximo a vencer, para usarlo antes de que caducara.

Boté muchos lápices de labios que nunca terminé de usar (no me maquillo casi nunca y casi todo el maquillaje me da alergia). También boté pinturas de uñas medio secas y botellita de perfume vacías.

Regalé todos los collares y aretes que nunca usaba y las pulseras que nunca me ponía.

Hice una gran limpia de “otras cosas” que tenía por ahí. Lapiceros sin tinta, blocks de notas amarillas, cuadernos viejos, gomas disecadas (en Costa Rica le llamamos goma a ese pegamento blanco que se usa en la escuela), ligas y más.

Tenía tantas cosas que no quería tener, que irlas sacando todas fue un alivio. Sentí que me quitaba un peso de encima. Un peso que hasta entonces no sabía que cargaba.

Deshacerse de cosas que son inútiles se vuelve adictivo. Pasaron varios meses en los que hice todo lo posible por seguir sacando cosas que no necesitaba o que no usaba. Con el tiempo, las cosas que salían de mi vida eran menos y menos. Eso significa que la cosas que quedan en mi vida son muy valiosas para mí. Tienen que serlo para quedarse.



¿Ahora qué?

No me considero minimalista, pero tal vez sí, aprendiz de minimalista. Ahora que tengo muchas menos cosas me siento más ligera. Espero pasarme a vivir a mi propio apartamento muy pronto, y saber que moverme de un sitio a otro no me va a tomar cientos de viajes (estoy bastante segura de que con 3 o 4 viajes de Rocinante, mi carro, lo lograré) me hace feliz.

Cuando uno ha reducido sus posesiones por varios meses, cada día quedan menos cosas que sacar. Pero créanme, esto de eliminar lo que no se necesita es adictivo. ¡Mi sistema necesita más!

Por supuesto, no puedo seguir regalando y donando todas mis posesiones, o tal vez sí pueda, pero no es la idea… ustedes entienden. Por suerte he aprendido otras formas de seguir mi camino minimalista y no requieren tirar toda la ropa a la basura.

Ya no se trata de sacar cosas, sino de no dejarlas entrar

Ahora trato de cuidar mucho las cosas que tengo y de no dejar entrar cosas que no necesito en mi vida.

Cuidar lo que ya tengo es sencillo.

Evitar que nuevos objetos se cuelen por mi puerta me ha tomado más trabajo, pero lo estoy logrando. Pueden ver mis recomendaciones para evitar que su casa sea hotel de cosas que no les aportan valor aquí.

El minimalismo, tal como yo lo estoy tratando de vivir, me ha enseñado romper ideas tontas que tenía. Me he dado cuenta de que tener muchas cosas no es sinónimo de éxito. Un espacio físico abarrotado era, en mi caso, evidencia de confusión, de no saber lo que de verdad me importaba o lo que de verdad quería.

Ahora que tengo menos cosas me entiendo a mí misma mejor. Ahora tengo claro qué es lo que me importa… porque lo tengo aquí, enfrente y a la vista.

 

 

6 reflexiones sobre “Minimalismo… una interpretación personal”

  1. A mí me pasó algo parecido 😄 soy menor de edad y obvio solo lo aplique en mi cuarto porque mi familia no se da cuenta que acumula mucho chunches🙄 trato de convencerlos pero deay son como gatos que no quieren ser bañados pero tarde o temprano pasara :’v así como el darse cuenta que tienen muchos chunches.
    Pero weno me gusta tu blog y hasta luego. ✌️

    1. ¡Hola, Hazel!
      Me alegra que comenzaras este camino siendo muy joven.
      Tu familia aprenderá de tu ejemplo, ya verás.
      Y me alegra que te guste el blog.

  2. Me encanto, tu forma de cambiar las cosas y creo sin saberlo hace poco empece a hacer este tipo de pequeños cambios porque me sentía ahogada entre mis propias cosas, no sabia que a esto se le llama minimalismo y afortunadamente me he empezado a informar y me agrada mucho, ahora cada vez pienso más en las cosas que ya no me sirven y siento mayor deseo de quitar esas cosas de mi vida, gracias por tus consejos, me siento mucho mejor con mis pequeños cambios.

    1. Hola, Sara.
      Me alegra mucho saber que esos cambios que has hecho te hacen sentir mejor.
      Esa es la idea detrás del minimalismo, sentirnos mejor.
      ¡Saludos!

  3. Estaba navegando a través de todos tus posts (porque yo los amo!), me encontré con esta historia y quiero que sepas que a mi me pasó de la misma manera!! un día buscando info sobre como organizar y no tener que volver a hacerlo terminé leyendo “la magia del orden” y fue como una iluminación divina!! .

    1. ¡Iluminación divina desde internet! jeje
      Es genial encontrar esa información que parece ser justamente la que necesitamos, ¿verdad?
      ¡Y qué bueno que te gustan las publicaciones del blog!
      🙂

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